Por David Ballesteros

Después de solicitar recomendaciones a varios cazadores, un grupo de cazadores, amigos todos, y yo, decidimos hacer reservaciones para la temporada en este lugar, donde se comentaba que su nombre era totalmente descriptivo de la realidad, LA TIERRA DEL PATO.

Utilizando los métodos modernos de comunicación, "web page, e email", nos dimos cuenta que esta compañía de caza estaba bien instalada y bien preparada para atender a sus clientes nacionales e internacionales.

Las reservaciones y todas las preguntas relacionadas con el lugar las hacíamos por correo electrónico, con copia a todos los que íbamos a la cacería, de esta manera todos manejábamos la misma información y ayudaba a no dejar cualquier detalle sin atender.

Llegado el día de partir, nos juntamos todos en el aeropuerto y, después de checar nuestros permisos y equipaje, comenzaron las vacaciones. Llevábamos ropa ligera, dos pares de zapatos, algo de repelente para los mosquitos, vaya, nada fuera de lo común y una expectativa de cazar hasta que nos dolieran los hombros de tanto tirar.

Después de dos horas de vuelo, el avión privado bajó sin problemas en el aeropuerto de Culiacán y con gran rapidez llegaron los maleteros a bajar las cosas del avión, pasamos por la revisión de armas que hace el personal del Ejército Mexicano y sin darnos cuenta ya los maleteros habían llevado nuestro equipaje a las vans de Patolandia.

Con una sonrisa en la cara y con toda la disposición de servir, nos llevaron al campamento en unas camionetas estilo vans de reciente modelo y, manejando con mucha seguridad, llegamos al campamento.

Todo estaba ordenado, limpio y listo para recibirnos, las hieleras llenas para festejar nuestro arribo y las cocineras terminando ya las botanas y cena que nos esperaban.

Después de una deliciosa cena, acompañada de una desvelada de esas buenas, nos retiramos a dormir con la seguridad de descansar, ya que la levantada era hasta las 9:30 AM.

Y llegó el día esperado, nos levantaron con olor a café, jugo de naranja, pan tostado, mermelada, mantequilla, chilorio, huevos al gusto, hotcakes, tocino, jamón, frijoles, tortillas de maíz recién hechas, salsa y unos refrescos bien helados, un desayuno "como los de casa" (sí como no).

Ya alistado, salgo con mi inseparable "backpack" donde, conociendo de estos menesteres, llevo comida, agua y cualquier cosa que se necesitará en la "carraca" (lugar donde se caza, que consta de una tarima que sobresale del nivel del agua rodeada de cañas para camuflajear el espacio donde se colocan los tiradores). En ese momento me pregunta una persona del campamento: "¿Qué llevas ahí, un cambio de ropa o qué?", contestándole yo que llevaba comida y agua, para no batallar en la carraca, y fue cuando sonrió y me dijo: "¡Así te ha de haber ido en otros lados!" "¿Por qué?", le digo yo, a lo que me contestó: "No te apures David, no te va a faltar nada, y si se me pela algo, te lo mando como si fuera servicio a domicilio."

Dicho y hecho, durante la cacería nos llevaron a la carraca, por medio de los aerobotes, cualquier cosa.

Listos para llevarnos a las carracas nos subimos a los aerobotes, no sin antes haber hecho las parejas que iban a cazar juntas ese día, haber llenado las hieleras y echar los tiros y escopetas a sus lugares para transportarnos.

Después de 10 minutos de disfrutar la experiencia de transportarse en aerobote, llegamos a la carraca, bajándonos apresurados y alistándonos para las primeras parvadas. Nuestro patero, un experimentado buscador y llamador de patos nos dice: "¡Tranquilos, que hay mucho!"

No se equivocó, poco tiempo pasó para que empezara la frase del día a escucharse en los radios de los pateros, "YA ESTAMOS TIRANDO", decían estos para informarles a los demás pateros que ya estaba volando el pato y que se prepararan a recibir las parvadas.

¡DERECHA! ¡IZQUIERDA! ¡ARRIBA! DOBLETES, TRIPLETES y gritos de festejo es todo lo que puedo decir, una experiencia increíble, era el principio de la temporada y estaba llena la laguna de patos, entraban por todos lados, los decoys que el patero colocó en un principio, enfrente de la carraca, funcionaban de maravilla, no lo puedes creer, no te da tiempo de cargar para cuando necesitas alistarte para hacer el siguiente tiro.

Así fue durante 15 minutos, después cesó por un tiempo la pasada, pero "no te preocupes", me decía el patero, "tómate algo, porque al rato vuelven". Dicho y hecho, no pasó mucho tiempo para cuando las parvadas regresaron y los festejos y emociones con ellas.

Así fue, sin faltar el comentario, a través de los radios Motorola que llevábamos, una experiencia de convivencia con tu pareja de carraca y un trabajo en equipo, ya que mientras uno cargaba la escopeta el otro tiraba, siempre tratando de abarcar con la vista los 360 grados por los que podían entrar los patos.

Eran ya las 3:00 PM cuando recibimos una visita de los aerobotes, era hora de la comida, nos llevaron en contenedores desechables unos burritos de carne deshebrada con frijoles, un plátano y una galleta grande, créanme, no necesitas más para tranquilizar el hambre. Obviamente los patos siguieron pasando, pero decidimos cargar energía para no debilitarnos, el problema es que uno se enfría en el momento de la comida y cuando reanudas la tirada, duele TODO, pero algún sacrificio teníamos que hacer.

Eran ya las 4:30 PM cuando nos recogieron los aerobotes para regresar a la casa, donde nos esperaban los outfitters del campamento para conocer nuestras impresiones, buenas todas, obviamente y también para reunirnos todos los equipos que tiramos ese día, contar patos, anécdotas y tomar la foto de la cacería, muchos patos, muchos tiros y muy cansados.

Así llegamos de regreso al campamento, a bañarnos y prepararnos para cenar.

A cenar como un rey, carne ( ribeye, arrachera, t-bone), arroz, quesadillas, tortilla de masa recién hecha, frijoles con veneno, salsa y postre de frutas con leche la lechera.

Así es un día de cacería en Patolandia, edén y paraíso del cazador de pluma.

Ya de regreso y al final, nos dieron el servicio de entregarnos nuestros patos ya pelados y congelados, listos para hacer el viaje en hieleras que nosotros llevábamos.

Nos despidieron en el aeropuerto, no sin antes haber reservado nuestro lugar para la siguiente temporada.


Last update:
May 15, 2008
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